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2dic2013
√Črase una vez un pa√≠s muy, muy lejano. En √©l hab√≠a un castillo con dos grandes y altas almenas desde las que se pod√≠a tocar la luna algunas noches; de hecho, a veces la luna hasta se quedaba a dormir en el tejado‚Ķ Cerca del castillo hab√≠a unas preciosas monta√Īas de color azul desde las que todas las ma√Īanas se despertaba el sol.

El castillo era de una peque√Īa princesa; los pap√°s de la princesa le hab√≠an puesto por nombre Alina, porque consideraban que era un nombre muy apropiado para una princesa tan peque√Īa y bonita como su hija. En sus ratos libres a la princesa le gustaba pasear por los jardines de su castillo y dibujar en la pizarra que sus pap√°s le hab√≠an puesto en su cuarto; adem√°s le√≠a cinco cuentos todas las tardes.

La princesa Alina tenía además un juguete mágico: un teléfono desde el que podía llamar cuando quisiera a su hada madrina. Su hada madrina era tan, tan amiga de la princesa que siempre respondía a su llamada, y a veces, hasta se desplazaba hasta el castillo en su carroza mágica.

Una tarde, Alina ya había paseado varias veces por el jardín, había jugado con todas las flores y saludado a las mariposas que vivían allí. También había pintado y escrito unas cuántas veces en su pizarra y leído no cinco, sino hasta diez cuentos a lo largo de la tarde. Y tenía un problema: ya no sabía qué hacer. ¡La princesa se aburría porque, a pesar de vivir en un castillo precioso, no vivía allí nadie con quién poder hablar!

Así que decidió usar su juguete mágico y pedir consejo al hada madrina.

‚ÄĒ¬°Seguro que a ella se le ocurre qu√© puedo hacer! ‚ÄĒse dijo.

Cuando el hada madrina escuchó el problema de la princesa Alina, no lo dudó: cogió su carroza mágica y se dirigió al castillo rápidamente. Aquello era un problema que requería una rápida y eficaz solución, ¡y no podía resolverse por teléfono!

Una vez en la habitación de la princesa, le dijo:

‚ÄĒCreo que tengo la soluci√≥n a tu problema. Lo que pasa es que, aunque eres una peque√Īa y bonita princesa, te falta algo muy especial e importante para una princesa: ¬°un drag√≥n! Todas las princesas tienen en su castillo uno o dos dragones con los que hablar, porque cuando sean mayores necesitar√°n que luchen con el pr√≠ncipe del que se enamorar√°n y casar√°n despu√©s.

‚ÄĒ¬ŅY d√≥nde voy a encontrar un drag√≥n? ‚ÄĒrespondi√≥ la princesa. Porque yo s√© c√≥mo son, ya que los he visto en los dibujos de mis cuentos, y no he visto nunca uno por aqu√≠. ¬°Tienes raz√≥n!

‚ÄĒMuy f√°cil ‚ÄĒle contest√≥ el hada madrina. Los dragones m√°s famosos y bonitos viven al final del arco iris, as√≠ que tienes que ir a un lugar donde haya llovido mucho, subir al arco iris y caminar hasta llegar al final. Y all√≠, justo all√≠, encontrar√°s con toda seguridad a un drag√≥n. S√≥lo le tendr√°s que convencer para que venga a vivir a tu castillo. No te confundas, porque algunos arco iris tienen al final un caldero de monedas de oro y no un drag√≥n.

‚ÄĒ¬ŅY c√≥mo podr√© saber si el arco iris que encuentre es el que tiene un drag√≥n? ‚ÄĒpregunt√≥ preocupada la princesa.

‚ÄĒNada m√°s sencillo: los arco iris con dragones nacen siempre muy cerca de las monta√Īas, porque as√≠, cuando se hace de noche y el arco iris se apaga, el drag√≥n puede irse a dormir a una cueva. Adem√°s, en tu viaje necesitar√°s esto ‚ÄĒdijo, tendi√©ndole una bolsita‚ÄĒ; en la bolsita hay unas galletas. A los dragones les gustan mucho las galletas, ¬Ņsabes?

El hada madrina se despidi√≥ despu√©s de la princesa Alina con dos besos y se subi√≥ a su carroza m√°gica. La princesa no lo pens√≥ mucho m√°s y, metiendo la bolsa de galletas y su tel√©fono m√°gico en una mochila, se fue a buscar un sitio donde acabara de llover. Como hab√≠a unas monta√Īas cerca de su castillo y su hada madrina le hab√≠a dicho que a los dragones les gustaban sus cuevas, se fue para all√°. Y adem√°s, vio que ten√≠a mucha suerte, porque por all√≠ hab√≠a unas nubes muy grandes y grises que ten√≠an, seguro, un mont√≥n de agua en su interior‚Ķ

¡Qué suerte tuvo en su viaje! Porque pronto empezó a llover; no llevaba paraguas porque las princesas no tienen, pero por aquellos lugares había unos árboles que tenían unas enormes hojas. Cogió con cuidado una de ellas y se la puso en la cabeza, de forma que ya no se mojó su bonita cabeza, y siguió caminando. No le importó que lloviera mucho, porque así estaba segura de que muy pronto se tropezaría con el arco iris y podría encontrar su dragón.

As√≠ fue. Despu√©s de un largo rato la tormenta se convirti√≥ en una lluvia muy fina, y para cuando ya hab√≠a pasado el bosque detr√°s del cual se encontraban las monta√Īas, ya apenas unas gotas perdidas ca√≠an sobre los charcos. La princesa estaba muy contenta y muy atenta para poder encontrar su arco iris. No tuvo que esperar mucho, porque los arco iris m√°s grandes aparecen incluso antes de que deje de llover, y pronto se tropez√≥ con uno. ¬°Sus colores eran tan brillantes que tuvo que ponerse las manos como una visera sobre los ojos para que no le hicieran da√Īo!

La princesa nunca había subido a un arco iris, así que no sabía si era suave y caliente o, por el contrario, rugoso y frío. Así que al principio se acercó muy despacio y lo tocó con un dedo. ¡Y el arco iris se dobló un poquito! Pero muy poco, como si fuera de goma; Alina se atrevió a tocarlo con las dos manos antes de poner un pie en él y comprobó que el arco iris no se rompía, sino que se amoldaba a la forma de sus manos.

Así que, muy despacito, puso primero el pie derecho y luego el izquierdo. ¡Ya estaba sobre el arco iris! En el fondo, era como caminar sobre la arena de la playa mojada, porque a medida que avanzaba, podría comprobar, si miraba hacia atrás, que las huellas de sus pies se quedaban marcadas sobre los colores que iba pisando… El arco iris era tan alto, tan alto, que cuando estuvo arriba del todo y miró hacia abajo, vio que su castillo era como un puntito a lo lejos… La bajada también fue muy sencilla, porque se sentó en el centro del arco iris y se dejó resbalar como por un tobogán… Muy rápido, muy rápido… Hasta que… ¡clon!, en vez de tropezar con el suelo bajo sus pies, dio una voltereta: ¡había tropezado con la cabeza de un dragón!

El dragón apenas movió la cabeza al ver a la princesa. Tal vez es que estaba acostumbrado a ver princesas… Abrió uno de sus enormes ojos, la miró de reojo y bostezó. Alina se acordó que su hada madrina le había dado las galletas y le ofreció una. El dragón abrió el otro ojo, miró de nuevo a la princesa y cogió la galleta con una de sus garras, con mucho cuidado de no romperla. Debía de estar muy buena, porque no dijo nada mientras se la comía, muy despacio y después ¡hasta se relamió con la lengua!

‚ÄĒHummm, ¬°qu√© buena estaba esta galleta! Hac√≠a mucho, mucho tiempo que no probaba nada parecido ‚ÄĒdijo el drag√≥n con voz potente‚ÄĒ; la vida de los dragones que vivimos en los arco iris es un poco mon√≥tona, ¬Ņsabes? No solemos recibir visitas ni, mucho menos, visitas que nos traigan cosas para merendar.

‚ÄĒPuedo darte m√°s y todas las que quieras ‚ÄĒrespondi√≥ la princesa. Tengo muchas en la despensa de mi castillo. Tantas, que no me da tiempo a com√©rmelas todas‚ÄĒ. Alina hab√≠a mentido un poquito, pero supon√≠a que a su hada madrina no le importar√≠a, porque aquel drag√≥n era tan grande que tem√≠a quedarse sin conversaci√≥n.

‚ÄĒEso suena muy bien ‚ÄĒdijo el drag√≥n. Si tienes un castillo, es que eres una princesa, porque s√≥lo las princesas viven en los castillos. Hace mucho tiempo que no visito ninguno, porque eso s√≥lo pasa en los cuentos y como hay ni√Īos a los que no les gusta los cuentos, cada vez salgo menos de mi casa‚Ķ

‚ÄĒPues si t√ļ quisieras, podr√≠as venir conmigo a mi castillo y merendar conmigo todas las galletas que te apetecieran. Aunque, claro, eres tan grande que no s√© si cabr√°s en el arco iris para poder volver hasta mi casa.

‚ÄĒNo hay problema por eso ‚ÄĒdijo el drag√≥n, mientras se com√≠a una segunda galleta‚ÄĒ. T√ļ s√≥lo tienes que decirme c√≥mo llegar a tu castillo. Podr√≠as subirte a mi lomo y llegar√≠amos volando ‚ÄĒsigui√≥ hablando, mientras desplegaba unas enormes y brillantes alas. Si no tienes miedo, claro.

¬ŅC√≥mo iba a tener miedo la princesa Alina de un drag√≥n que com√≠a galletas? As√≠ que, ni corta ni perezosa, se subi√≥ al lomo del fant√°stico animal, usando su cola como escalera. Al mismo tiempo que se com√≠a una tercera galleta, el drag√≥n emprendi√≥ el vuelo, usando el arco iris como gu√≠a. Con las indicaciones de la princesa, muy pronto llegaron al castillo, donde el drag√≥n aterriz√≥ en el patio central.

La princesa Alina le preparó una preciosa habitación cerca de la suya propia, donde siempre tenía una fuente muy grande de galletas para el dragón, con el que desde entonces se dedicaba a pasear por el jardín, pintar en la pizarra de su cuarto y leer muchos cuentos, cinco ella y cinco él.

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